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sábado, 15 de julio de 2017

2017 - 07 - Charcos de Quesa / A+ 417 m / 15,85 km



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Este sábado la propuesta era volver a hacer la ruta por los Charcos de Quesa, Valencia, que ya hicimos el 1 de septiembre de 2013. Era la primera ruta en la que vino Pili y además podríamos tener la oportunidad de darnos un chapuzón al final de la ruta.

La haríamos en el sentido opuesto a las agujas del reloj. Así nos quitaríamos el tramo de asfalto y pista al comienzo de la ruta y de paso haríamos el desnivel en el sentido lógico. Primero subiríamos para acabar bajando.



Pasaríamos por las pozas del Charco del Chorro, el Charco de la Cacerola, el Charco de las Fuentes y el Charco de la Horteta, dándonos un chapuzón, cerca del final de la ruta en el que más nos gustara.

A la cita acudimos los mismos que hace cuatro años Pili, Ana, Manuel Carlos y un servidor y un poco antes de las 8 de la mañana ya estábamos aparcados en el punto de inicio. A estas horas el parking se encontraba desierto y no estaban instalados los que cobran por visitar y utilizar esta zona natural. 

En un gran cartel se hacía alusión a una tasa ecoilógica de 2€ por vehículo y 1€ por persona. Nosotros no pagamos nada porque ya somos muy ecológicos, porque no estaban aún y porque a la salida, cuando terminamos la ruta, no nos dijeron nada. Cuando acabamos la ruta el enorme parking estaba lleno. No cabía un coche, por lo que de seguro habrían hecho un buen negocio.

Comenzamos a caminar en el sentido opuesto al que habíamos venido con el coche, hasta la carretera y circulando por ella. 


Enseguida vimos allá abajo a la derecha el enorme charco de la Horteta. Se puede bajar haciendo una pequeña destrepada. Nosotros lo hicimos en la anterior ocasión pero no valía la pena. Además el agua parece como estancada y no era atractiva para el baño.


Vimos allí mismo el cartel de una vía ferrata que no creímos haber visto hace cuatro años.

Continuamos subiendo por la carretera hasta llegar a un poste de PR, por el que seguiríamos en dirección al Abrigo de Voro.

El asfalto al final se convierte en una amplia pista de tierra y pasamos por las ruinas de la Casa Eliseo. Nada que destacar, sólo es una referencia y continuamos recto.


Llegamos a otro poste que indica que estábamos en el Collado de los Verdines y tomamos la pista de la izquierda, continuando en dirección al Abrigo de Voro. Esta parte hasta aquí es la más aburrida de la ruta y pensamos que lo mejor es quitársela de encima cuanto antes, con el fresco de la mañana. Es un mal necesario para hacer la ruta circular.

Como se nos hacía la hora de almorzar, buscamos un sitio en la pinada y paramos a disfrutar del siempre agradable momento.


La pista se va haciendo cada vez menos pisada y pasamos por la Sima de la Higuera, un agujero bastante profundo en el que curiosamente crece una higuera.


La pista se convertiría en senda y comenzaría a bajarnos hacia las pinturas rupestres del Abrigo de Voro.


Aquí abajo las tenemos protegidas por una reja, quizás demasiado separada, ya que cuesta mucho ver las pinturas desde esa distancia y pierde su interés.


Para bajar hay que hacer una pequeña destrepada por la roca. Hay unos pequeños huecos hechos a modo de peldaños para poner los pies.


Aquí tenemos al grupillo de cazadores, muy estilizados ellos por la dieta "paleo" que seguían.


Una vez visto, con el zoom de la cámara, lo poco que nos dejaba ver la distancia de la valla, continuamos descendiendo hasta llegar al fondo del Barranco del Río Grande, que ya seguiríamos hasta el final de la ruta.


Esta es la parte más vistosa y entretenida de la ruta, salpicada por las sensaciones de lo encajonado del barranco y las pozas que nos irían apareciendo al paso.


El río ya tenía agua desde aquí, lo que siempre es una alegría y así te puedes refrescar de vez en cuando.


Así lo hacía Manuel Carlos, que venía equipado para la ocasión con calzado de agua y que no desaprovechaba cualquier momento para disfrutar de cuanta poza se ponía a nuestro alcance.


Aunque el río llevaba agua no tuvimos que meter los pies en ningún momento y siempre se encontraba una buena zona para pasar. Os dejo con unas bonitas imágenes que intentan captar un poco de la belleza del barranco.






























Llegamos a esta poza alargada y totalmente transparente en la que además en su lateral había una zona de piedra lisa a la sombra y decidimos hacer una larga parada para disfrutar del sitio y bañarnos.














Perfecto. Si hubiéramos traído en las mochilas la comida, nos hubiéramos quedado aquí. Se estaba fenomenal. Después de un buen rato, continuamos siguiendo el barranco pasando por otras pozas también llamativas.
























En un momento de la senda hay una pequeña bifurcación hacia la izquierda que cruza el barranquito y en la otra parte hay un poste indicando la situación de la Fuente de la Víbora. Si no se está atento es fácil pasársela. 


Es un pequeño nacimiento de agua que cae a través de una teja casi a ras de suelo.




Continuamos por la senda que nos fue subiendo por el lateral de la montaña bordeando un meandro del río y veíamos abajo una buena poza que nos íbamos a perder. La vez anterior continuamos por el interior del barranco y pensamos que es mejor, ya que es más ameno y mas corto que por esta senda, pero es otra opción.



La senda hace que parezca que nos pasemos de la zona de la cascada pero después vuelve hacia la izquierda y nos pasaría por encima del Azud de Corbera. Estas son unas imágenes que tomó Manuel Carlos desde la senda cuando nos íbamos acercando al paraje de la cascada.




Llegamos al azud y cruzamos a la otra parte para seguir la senda muy cerca de la pared rocosa.






Así como el río nos parecía que llevaba más agua que la vez anterior y en todo su recorrido, la cascada nos parecía que tenía menos agua. Esta zona estaba muy masificada y no nos apeteció ni acercarnos a pasar por detrás de la caída de agua para hacernos la foto.



Continuamos hacia las otras pozas y aquello parecía Benidorm de tanta gente y algarabía.



Pensábamos bañarnos en el gran charco como la vez anterior pero estaba tan masificado que no nos apetecía nada. Además las aguas en estas charcas del final están verdes y no son transparentes, quizás porque tienen el fondo de arena y se remueve. Nada que ver con el sitio donde nos habíamos bañado. Una vez probado aquello, la verdad es que no había color y pasamos de largo bebiendo de la fuente y nos dirigimos al coche. Cuando lo dejamos en la mañana estaba solo y ahora todo esto estaba "petao". Sacamos la mesa plegable y bajo la sombra de un árbol nos dispusimos a comer para terminar celebrando con Cava que trajo Pili el que continuemos disfrutando de la montaña sábado tras sábado por muchos años. Unas veces con más asistencia de amigos y otras con menos, pensando con un poco de nostalgia en el dicho de nuestro amigo Simón Corresendas que ya hemos hecho también nuestro: "El que vino la disfrutó y el que no pudo se la perdió".

La primera parte de la ruta no aporta nada y sólo hay que hacer el "sacrificio" si se quiere hacerla circular. Como proponía Manuel Carlos, es más amena y disfrutona haciéndola lineal de ida y vuelta desde el parking hasta el abrigo de Voro por el interior del barranco,  almorzar y volver otra vez por el mismo sitio. 





Un saludo a todos y hasta la próxima.
Podéis descargar el track de la ruta pulsando aquí: PABLOONCE

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